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En teoría, la familia es nuestro entorno natural, donde llegamos, salimos y siempre regresamos, sin embargo las discusiones proliferan en un contexto tan pequeño donde debería abundar armonía.

La pregunta más frecuente que se hacen los hijos es: ¿cómo hago para mejorar la relación con mis padres? Que tiene igual peso a las dudas de papá y mamá, afectados por la imposibilidad de comunicarse con los jóvenes de casa.

Ese distanciamiento es similar al abordado en nuestro artículo de consejos para mantener una vida en pareja más amorosa porque el ejercicio del afecto en todos los ámbitos se ha complicado.

A continuación, encontrarás recomendaciones para dejar salir esas disfuncionalidades y sentirnos hijos de un dulce hogar.

1. Cuidar la sintonía emocional

¿Cuántas veces en casa nos confrontamos ante una crisis cotidiana expresando “papá, esa es una tontería", "me tratas así porque nunca me has entendido” o “lo dices para molestarme”?

Esas frases llenas de suposiciones negativas ponen en evidencia la incapacidad para colocarnos en el lugar del otro.

Cuidemos lo que decimos y cómo expresamos nuestros puntos de vista, ya que las palabras construyen muros cuando remarcan diferencias y no dejan espacio a la negociación. 

Las emociones de ambas partes son importantes. Debemos evitar las respuestas o las acciones que revelan desdén ante lo que es prioritario para papá y mamá. Ganamos mucho identificándonos con ellos, en la misma proporción en que pedimos que nos comprendan.

“Entiendo mamá,  pero podemos solucionar de otra forma” es un mejor comienzo para conectar y establecer un diálogo constructivo que “no deberías enojarte”.

El que exista empatía por los sentimientos del otro, no significa que abandonemos nuestras convicciones, nos acerca a un punto medio, donde no hay conflictos posibles. 

2. La tecnología para unir

El nuevo inquilino de casa es la tecnología y probablemente nuestro padre se mantiene más atento a sus móviles y computadoras que a las conversaciones en familia. Por otra parte, como hijos, también aceptamos la intromisión de de redes sociales y mensajerías, que comunican hacia el exterior, pero degradan todas las interacciones.

¿Estaríamos dispuestos a decretar un día de celulares apagados y escondidos en gavetas para poner sobre la mesa sentimientos y comprensión?

Así incentivaríamos lo que el investigador John Gottman, asevera que son “momentos no estructurados” o “interludios menores”, es decir las situaciones en las que abundan las sonrisas, conversaciones o respuestas más emotivas, que construyen cercanía y conexión.

Tomando en consideración que cada momento de espontaneidad alimenta las reservas de sensaciones positivas que pueden salvarnos de antagonismos, proponemos seguir el ejemplo de los íconos de la tecnología moderna Bill Gates y Steve Jobs, quienes, según un artículo publicado en “The Independent”, limitaron el uso que se hacía en casa de los productos que ellos ayudaron a desarrollar.

Es tan sencillo como preguntarse: ¿me importa más tomar fotos o grabar videos para Instagram? ¿Es más relevante lo que ocurre en messenger o en las actualizaciones de redes sociales, que lo vivido al lado de mis seres queridos?

Realicemos una agenda de lapsos dedicados a "momentos no estructurados" e "interludios menores" como un juego deportivo, un paseo a un lugar de especial significado para todos o una sencilla salida al cine. Como hijos, todos tenemos voz en ese sentido y debe ser más escuchada que un "tuit".

3. ¿Quién tiene la razón?

Cuando decimos “la relación con mis padres es imposible, siempre quieren tener la razón”, estamos ante una justificación que aplica para casi todas las discusiones,

Los argumentos que confluyen en nuestro entorno íntimo pueden ir en direcciones opuestas y con tonos de superioridad por muchas razones, entre ellas, los cambios en los modelos de familia, que han aumentado el peso de la individualidad. Por otra parte,  en el presente se habla de la simetría inconsciente, definida por la psicóloga y socióloga Claudia Messing, como la moderna paridad de jóvenes con adulto, que crea autosuficiencia imaginaria.

Es por ello que querer tener la razón, es el deseo más frecuente pero también el que se debe evitar.

Toda diferencia entre las partes deben resolverse desde el respeto, usando un tono de voz adecuado, escuchando sin interrupciones dando espacios para los argumentos de ambos.

Es necesario que nos asumamos como hijos, que hablemos de "la relación con mi mama" o "la relación con mi papá" desde una perspectiva jerárquica clara, lo cual no implica ser menospreciados, pero no debemos proyectarnos en papá o mamá como “iguales”.

Es mejor concentrarse en resolver el problema y no en ganar o vencer o tener la última palabra. Es más sencillo llegar a acuerdos y si no se alcanzan, procurar que padre y madre  se sientan valorados y escuchados, sin los resentimientos que produce toda pelea interminable.

4. Consejos para una mejor comunicación

  • Hablemos en positivo. Cualquier reclamo debe fundamentarse en un hecho o actitud, no en lo personal. Por ejemplo: “Comprendo que estés preocupado, pero yo estaré en lugares seguros y no llegaré tarde”, es mejor expresión que “Eres un  estúpido, ¿No sabes que yo me había comprometido a salir esta noche?”
  • Escuchemos siempre, no solo se trata de que nos presten atención. Nuestra madre, por ejemplo, también tienen problemas y conflictos. No hay nadie mejor que un miembro de familia para aportarle un consejo oportuno.
  • Evitemos juzgar o criticar y menos desde una posición de superioridad. Nuestros padres no están a nuestro servicio. 
  • De nada sirve subestimar o desconfiar. Ningún amor se construye sobre el menosprecio.
  • Cada conversación debe basarse en la confianza y la sinceridad.
  • El respeto se gana con el ejemplo no con las contradicciones. De manera que si pedimos que nos escuchen, debemos escuchar. Si nos molesta que nos levanten la voz, no hablemos en tono alto. No propiciemos la franqueza excesiva e inoportuna si ella hiere nuestra sensibilidad.
  • Es inútil ser invasivo o tóxico. Respetemos los espacios ajenos así como nos gusta que se respeten los nuestros.
  • Al afecto no se le imponen condiciones, es decir no depende de que "la relación con mi mamá" sea permisiva. Manipular en ese sentido es dar a entender: “en la relación con mi papá hay amor, mientras sea complaciente o acate mis reglas ”.

Con estas recomendaciones intentamos hacer olvidar la vigencia de la interrogante: ¿Por qué nos cuesta tanto ser dichosos al lado de quienes más queremos?

Sabemos que convivir es el gran reto de la humanidad y como hijos no estamos a salvo de las complejidades de la comunicación, pero es decisión personal dedicarnos al ejercicio de la felicidad, sin reclamos, reconstruyendo lo mejor de nuestra primera infancia, cuando ser el más joven no estaba divorciado de la dicha en familia.



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